jueves, 24 de marzo de 2011

El valor del trabajo


El ser humano a diferencia de los demás seres vivos, no está determinado por el medio natural, ni condicionado por sus instintos, sino que es capaz de actuar y modificar el medio natural en el que se desenvuelve su vida, dado que está dotado de inteligencia, creatividad, talento y voluntad, todas ellas facultades humanas. Todas estas potencias puestas al servicio del trabajo le permiten sin dudas, construir y proyectarse a la sociedad, contribuyendo con mejoras sociales, materiales, científicas.
El trabajo concebido como un valor, le posibilita alcanzar sus objetivos, tanto aquellos que implican la satisfacción de las necesidades biológicas, de seguridad, sociales y de estima, como los de realización personal. Para el logro de estos fines, desarrolla actividades y construye así su propia identidad laboral, y referirse a ella, implica hablar de quién es, qué hace y qué sentimientos imprime en lo que realiza cotidianamente. En el mundo moderno el trabajo es un eje principal de la construcción de la identidad, la autoestima y la valoración social de mujeres y varones.
El valor del trabajo humano no se mide por el tipo de actividad de cada uno (carpintero, profesional, campesino...), sino por el hecho de ser persona quien lo ejecuta. Entre todas las criaturas, sólo la persona es capaz de trabajar de manera "programada y racional", en forma "consciente y libre". Con su trabajo humaniza y ennoblece a la naturaleza, modelándola de acuerdo a sus intereses primordiales, en directa relación con su desarrollo y autopromoción integral. Habrá que iniciar por la descripción que de él se tenga, la cual puede ser de una manera positiva o negativa, optimista o pesimista y que resulta ser el reflejo de la valoración que se le da.

Se distinguen distintos tipos de trabajos, los que se cumplen en el hogar (reproductivo) que procuran el desarrollo armónico y feliz de los seres con quienes se convive; los trabajos denominados empleos (productivo) -cuando un individuo presta servicios a personas u organizaciones a cambio de una compensación-; trabajos comunitarios que prodigan al semejante alivio material y/o moral a sus aflicciones; trabajos intelectuales que iluminan las mentes y promueven el avance del conocimiento científico y tecnológico, entre otros tantos.

Todo en la naturaleza es símbolo de trabajo y el ser humano como individuo dotado de razón y voluntad no escapa a esa generalidad, de allí su rol trascendente de educar y educarse para una cultura donde el trabajo se perciba como un valor que le permita no sólo el sustento sino también, un tiempo para el trabajo espiritual, aquel que fortalece la conciencia y serena el alma. 
Hoy más que nunca se impone una reflexión profunda acerca del valor del trabajo y sus implicancias . Es por ello que quienes conducen los destinos de un país deben comprometerse con el cambio que esta realidad impone y asumir decisiones respaldadas en los valores esenciales para la vida, como lo es el trabajo, y todos aquellos otros que permiten dignificarlo y darle trascendencia; ellos apelan a la conducta solidaria, a la justicia, la libertad, la igualdad de oportunidades para todas las personas, sin barreras, ni prejuicios.

Una sociedad sólo se podrá cimentar sólidamente si se construye desde el trabajo concebido con respeto, dignidad y equidad.

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